LA EDUCACIÓN BOLIVIANA FRENTE AL COLAPSO DE LA LEY 070 Y LA FUERZA IRREVERSIBLE DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL
La educación en Bolivia atraviesa una crisis profunda que
ya no puede ser explicada únicamente por la falta de recursos, infraestructura
o capacitación docente. El problema es más estructural y más grave pues el país
sigue anclado a un modelo educativo ideológico, pre-digital y
epistemológicamente obsoleto, representado por la Ley 070: Avelino
Siñani–Elizardo Pérez, que fue concebida para una disputa política-cultural del
siglo XX, pero no para el mundo hipercomplejo, competitivo y tecnológicamente
acelerado del siglo XXI.
La ley educativa vigente prioriza una incoherente visión
ideológica de descolonización, basada en la idealización de cosmovisiones
indígenas convertidas en doctrina oficial. En lugar de promover un diálogo
crítico entre saberes, ha terminado construyendo un esquema dogmático donde la
identidad sustituye al conocimiento y la pertenencia simbólica reemplaza al
pensamiento reflexivo. Este enfoque no prepara a los estudiantes bolivianos
para enfrentar sistemas de educación superior altamente exigentes, ni para
competir en entornos globales donde se valoran capacidades analíticas,
flexibilidad cognitiva, razonamiento abstracto, dominio tecnológico y
aprendizaje permanente.
En el escenario actual, la educación ya no gira en torno
a la transmisión lenta y vertical del conocimiento. El acceso ilimitado a la
información, sumado al uso intensivo de la inteligencia artificial en todas sus
formas —desde asistentes cognitivos hasta sistemas avanzados de análisis,
simulación y creación— ha transformado radicalmente la manera en que se
aprende, se investiga y se produce conocimiento. La escuela tradicional,
centrada en el docente como fuente exclusiva de saber, está en declive
acelerado. En muchos casos, ese rol simplemente se extinguirá si no se redefine
de manera profunda.
La inteligencia artificial (IA) no es una moda ni una
herramienta pasajera. Esta poderosa influencia se quedará de forma permanente
en el ecosistema educativo, académico y profesional. Negarlo, minimizarlo o
regularlo desde marcos ideológicos antitecnológicos, solamente profundiza la
brecha entre Bolivia y el mundo. El verdadero desafío no es impedir su uso,
sino comprender sus alcances, incorporarla críticamente y enseñar a pensar con
ella y frente a ella. Esto exige una nueva filosofía de la educación
tecnológica que supere, tanto el tecnoutopismo ingenuo, como el rechazo
conservador.
Paradójicamente, mientras la inteligencia artificial
obliga a replantear qué significa conocer, razonar y decidir, la discusión y
enseñanza de la “filosofía” como estructura de pensamiento, fue eliminada del
currículo escolar boliviano. Esta exclusión no fue casual, ya que una educación
ideologizada no necesita de ningún pensamiento crítico, sino la repetición
simbólica. Sin embargo, en una era dominada por los algoritmos, automatización
cognitiva y producción masiva de información, la filosofía se vuelve más
necesaria que nunca. No para adoctrinar, sino para interrogar los límites del
conocimiento, la responsabilidad ética del uso tecnológico, la autonomía del
juicio humano y la diferencia entre información, comprensión y sabiduría.
Reinsertar una materia dedicada al debate de la filosofía
en el sistema educativo, no implica volver a un humanismo abstracto o
desconectado de la realidad, sino dotar a los estudiantes de herramientas para
pensar críticamente, dentro de un mundo dominado por millones de datos,
inteligencia artificial y decisiones automatizadas. La filosofía, articulada
con la discusión sobre lo que es la ciencia en el siglo XXI, la tecnología y el
pensamiento lógico, puede convertirse en una fuerza verdaderamente liberadora,
capaz de formar ciudadanos reflexivos y no simples consumidores pasivos de
información.
En este contexto, la descolonización educativa promovida
por la Ley Avelino Siñani revela su carácter profundamente anacrónico e inútil.
Esta ley no libera, no emancipa y no prepara. Se limita a reproducir una
influencia ideológica fuera de época, incapaz de dialogar con los desafíos
reales de la educación contemporánea. La verdadera colonización, hoy no
proviene de Occidente ni del conocimiento científico, sino de la incapacidad de
adaptarse a un mundo en constante transformación y en permanente renovación
tecnológica.
Bolivia necesita una reforma educativa profunda que
abandone el fetichismo ideológico, asuma sin complejos la era digital y
articule la investigación científica, la tecnología ligada a la inteligencia
artificial, el pensamiento crítico y la exigencia académica. Sin una
transformación radical, el sistema educativo seguirá formando generaciones
desconectadas del mundo real y condenadas a la irrelevancia, en medio de un
entorno global que no espera, no perdona y no se adapta a discursos vacíos como
la inservible descolonización de la educación.
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